lunes, 21 de enero de 2013

Línea 2. Azul.

Después de mucho tiempo, el 21 de diciembre, decidí caminar la siguiente Línea del STCM.

Esta vez, a diferencia de la anterior, fue por rabia. No, ningún perro ni rata me mordió (a decir verdad, una me besó, jaja) pero estaba muy enojado. Las razones...son poco importantes, pero digamos que la falta de madurez de la gente que me rodea (léase "becarios de Universum"...porque además de todo, soy becario en Universum) hicieron que estuviera de mal humor. Asi que, como es muy feo llegar a rumiar la frustración al hogar, decidí ir a caminar. algo tarde, es verdad, pero no por eso, menos disfrutable.

Entonces, hice el mismo recorrido que, cada sábado, durante un año, en 2010, hice: de metro Universidad a Metro Hidalgo, transbordar a la Línea 2 y hasta Cuatro Caminos. Afortunadamente, ahora no era de madrugada y no tenía que ir con los soldados para hacer el servicio militar, ni marchar, ni comer (aunque los mejores chilaquiles de mi vida fueron hechos por los "huachos"), sino fue para caminar el metro.

Llegar a Cuatro Caminos tiene la facultad de enmudecerlo a uno. Y no precisamente por el sonido (aunque, como cualquier CETRAM, no es nada silencioso), sino por lo grande. No es exquisitez; hay andenes de abordaje a camiones y colectivos en general hasta la letra Z. El metro es representado por un toreo que ya desmantelaron, que antes estuvo en La Condesa y donde, se cuenta, Ramón María del Valle-Inclán asistió a una corrida de toros, invitado por Obregón. Un dejo de humor negro se avista, porque, queriendo aplaudir, ambos son mancos...así que para aplaudir, ahora si que se dieron una mano cada uno. Pero me pierdo en anécdotas carentes de fuentes reales. Así que, algo desconcertado, y un mucho temeroso (zona no conocida por mi y cuenta la leyenda que asaltan  mucho), emprendí el camino, a las 15h45. Infructuosamente, porque dos cuadras después, gracias al GPS de mi teléfono, descubrí que caminaba en sentido contrario al objetivo. Entonces, después de mi irrisorio error, corregí el rumbo, y algo más relajado, seguí hasta ver una barda que parecía interminable. Asumí (correctamente, después supe) que era el panteón español. Seguir la barda era obvio, más porque iba sobre la calle adecuada, San Bartolo Naucalpan. Pues después de eternidades de lo mismo (paso-barda-coches-paso-barda-coches...) por fin hubo un cambio. Y es que para llegar a Panteones fueron 20 minutos. El cambio fue el mismo que todos conocemos pero a veces no notamos cuando llegamos a un panteón: olor a flores muertas, acaso presagio de la muerte que se respira dentro de un cementerio, los talleres de cantería, incluso cierto dejo de nostalgia...



Huyendo de fantasmas y de Naucalpan, llegué por fin a la antigua Calzada México-Tacuba. No antigua porque haya cambiado de nombre, sino que era una de las 4 entradas de Tenochtitlan. Caminar por ahí es, como cada Avenida de México, un poco de cutura popular mezclado con conductores irresponsables, mucho trabajo alrededor y un infinito cielo de azul constante ( si ya leyeron "Platero y yo", discúlpenme describir el cielo del DF como el de Moguer), cercado por postes y posters anunciando curaciones milagrosas...

Tacuba, correspondencia con Linea 7, direcciones El Rosario y Barranca del Muerto es esa estación representada por unas florecitas. Son flores porque en náhuatl se llama Tlacopan, o séase, "plantas floridas". Se perfiló medio escondida por puestos, a las 16h30. No entré a la iglesia, pero la vi por fuera, y camine por el mercado...hasta Cuitláhuac. Después, ahí comenzó un paso que, por calificar de algún modo, denominaré "kamikaze" porque...bueno, Popotla, colegio Militar, Normal, San Cosme y Revolución fueron recorridas muy rápido. Sí, antes de que se lo pregunten, me vi tentado a entrar a un lugar hermoso, la Alameda de Santa María La Ribera, con su espléndido Kiosko Morisco, a Santa Julia, zona medio fea, a Santa María Auxiliadora, un gran ejemplo del neogótico en la Ciudad, junto al colegio Salesiano, a la casa de Cañitas, al Colegio Militar, donde una vez fui a un curso de espectroscopía de Absorción Atómica...pero entre Cuitláhuac y San Cosme  (que tiene una iglesia bastante...estofada) pasaron solo 30 minutos. A Revolución llegué a las 17h20, con un ocaso amenazando la integridad de la luz natural...








Para esto, la Calzada México-Tacuba ya había recibido dos cambios: pasó a ser Ribera de San Cosme y Puente de Alvarado. Pasé Insurgentes, y apareció ante mi La Academia de San Carlos, con su hermoso edificio y su poco valiosa colección de pinturas de arte europeo, con autores mediocres, para luego pasar por un nuevo lugar repleto de historias: San Hipólito. No hablaré mucho de ella, es bonita, fundada en honor el santo patrono de la Ciudad, san Hipólito, ahora conocido por ser el objetivo de hordas furiosas de fieles a los que los capitalinos profesamos un temor casi religioso, llamados comumente "chacas". Es probable que haya oído de esta iglesia como "la de San Juditas". Caminé por la remozada Alameda, con sus fuentes bailarinas. observé la plaza de la Santa Veracruz, con la iglesia homónima y la de San José, proyectada por Tolsá, y con todo y su reliquia, certificada por el vaticano, de la Santa Cruz.






Camino recorrido mil veces: por Tacuba hasta el Zócalo. Y como escribió algún literato famoso (creo que José Emilio Pacheco): solo hay placer tan grande como la repetición. Bellas Artes, inmaculada cual virgen, con todo y su entrada regalada por los franceses, igual a la de la entrada del metro de París. La Latino, erguida, pese a su medio siglo de vida. EL Palacio Postal, con todo y El Museo de la Marina, en su planta más alta. Pasar por el Caballito de un Rey más majestuoso de lo que fue en vida, por la antigua escuela de Minería, por el siempre apreciado MUNAL con todo y sus Landesios, Velascos, Cabreras y Morlotes, por el MIDE, la biblioteca del Congreso, metro Allende...hasta la churrigueresca Catedral Metropolitana, hacia el único giro del camino. El Zócalo tenía una postal tan bella, con la bandera que es nuestra madre (según los militares...y me parece muy bonito describirla así), el palacio del ayuntamiento y un cielo color ocre de fondo...que valía la pena caminar desde cuatro Caminos, el antiguo Toreo (ahora inexistente...) solo para verlo.






Tomar fotos, aire, y Av. Pino Suárez, en honor del deshonorado vicepresidete. Todo en uno. Pasar por el museo de la Ciudad y metro Pino Suárez, con su basamento de Ehécatl., a las 17h56. Llegar a San Antonio Abad fue fácil...y comenzó la parte verdaderamente tortuosa: la línea 2 original inaugurada el 1 de agosto de 1970, solo de Taxqueña a Pino Suárez (en 43 días más se inauguró la parte de Pino Suárez a Tacuba, y fue hasta 1984 cuando se completó la Linea tal como la conocemos). Digo que fue la parte difícil porque las estaciones, que si han usado esta línea, parecen muy cercanas, caminándolas no lo parece. Y es que es del dominio público que el tiempo es relativo, pero...la distancia es la madre de la relatividad. Y si no me creen, pregúntenle a Einstein...o a ustedes mismos, si no usan la ouija. Pueden llegar en 20 minutos al otro lado de la ciudad, en un día de asueto, o en 4 horas, con muchos coches enfrente (y atrás, y a los lados, y a veces, arriba) de ustedes. Entonces, llegar a Chabacano, Viaducto, Xola (con todo y su palmera traída desde Guadalajara), Villa de Cortés, Nativitas, Portales, con su mercado, y Ermita con su kilométrico transbordo fue tan largo como la cuaresma para los carniceros de la España de la Inquisición. Solo veía obscuridad, prostitutas, hoteles y Oxxos. Descubrí que Calzada San Antonio Abad acaba en Viaducto y comienza a llamarse Calzada de Tlalpan...al llegar a Ermita ya eran las 19h09.









Pues bueno, después, llegar a General Anaya fue fácil, y aunque quería ver la que hubiera podido ser mi escuela, la ENCRyM, seguí por Tlalpan hasta un puente peatonal y, después de persignarme, lo pasé. Sin novedad Seguí por el otro lado (el que va hacia el norte) hasta la Country Club, caminé por una desierta calle lateral que da a Miramontes y, 3h56 minutos, muchos pasos, algunos centímetros de suela y con menos energía que al principio, pude entrar a la estación Taxqueña, con todo y su luna, homenaje a Taxco, y su plata ¿Ven como hasta en el metro la Metalurgia es importante? Esta línea es la tercera más larga: 23.431 km, pero solamente se ocupan 20.731 km para servicio al público. Una leyenda urbana cuenta que hay una estación en el Campo 1, casi en el Toreo, en caso de emergencia para que lleguen los soldados rápido al Zócalo.

Recorrido, en Google Maps


Y pues creo, sin lugar a dudas, que la Línea 2 tiene un encanto especial...mas por la cercanía de metro Taxqueña a la casa de cierta mina...

Línea 3. Verde olivo, casi dorado. La travesía comienza...

Lunes, 18 de junio de 2012 estaba destinado a ser un día de comienzos. O al menos, dos: de semana y de mi caminar errante...bueno, no errante, pero sí largo.

La idea no tiene una hora fija para haber nacido; lo cierto es que, después de ir a consultar una calificación a Metalandia, en CU (o sea, el edificio D), y en vista de las poco atractivas maneras de perder el tiempo en el hogar, decidí ir al DF. Ustedes no están para saberlo, pero hoy estoy inexplicablemente locuaz, así que también tuvo que ver el hecho de estar muy contento, por la gente que me rodeaba, y porque estaba a punto de marcharme un mes a una localidad muy pequeña y un tanto pintoresca, llamada Charcas, ubicada en el Bajío (forma eufemística local en San Luis Potosí de llamarle al desierto) a una práctica profesional en una planta de Beneficio de Minerales. El Beneficio de Minerales, como nota, es el triturar, moler y separar los minerales con valor de los que no lo tienen, a partir de las rocas obtenidas de una mina. Eso es una parte importante de mi futura profesión. Pero divago. El hecho es que, debido a mi próxima ausencia de la Ciudad de México quería empaparme en ella, intoxicarme de dióxido de carbon y esmog, imprimir en mi memoria sus calles y su gente...discúlpenme la cursilería, me emocioné yo mismo.

La línea 3 fue inaugurada el 20 de noviembre de 1970, y recorría de Tlatelolco a Hospital General. 8 años después, el 25 de agosto, se abrió al público la estación de la Raza, y el 1 de Diciembre del '79, se concluyó la Línea como la conocemos ahora en dirección norte, hasta Indios Verdes. En 1980 se inauguraron dos tramos más: de Hospital General a Centro Médico, y de Centro Médico a Zapata. Por último, en 1983 se abrieron las estaciones restantes, hasta la actual terminal: Metro Universidad. Una de las Líneas que más veces se ha ampliado. En la primera mitad de 2012 transladó a 108' 879 710 usuarios.

Era alrededor del mediodía, subí en Metro Universidad y me dispuse a recorrer sentado las 21 estaciones que me separaban de Indios Verdes. Y lo hice. Más o menos 45 minutos duró el recorrido, un poco aburrido, por cierto. Pero, ya en la terminal, decidí que tenía que documentar mi recorrido, fotografiando con mi teléfono (a falta de cámara y talento para la fotografía) cada estación y lugar que me pareciera importante de la misma. La primer foto fue tomada a las 13:13.

 La primer estación de mi recorrido fue un tanto caótica. Primero, fui a conocer las esculturas patinadas que dan nombre a la estación, porque no las conocía. Por cierto, representan dos tlatoanis mexicas, que destacan: uno, por ser el primero en que se expandió el imperio, llamado Itzcóatl, y otro, por ser el más grande de los Grandes Oradores (o Huey Tlatoanis): Ahuitzotzin (su nombre sin el sufijo -tzin era Ahuizotl, el sufijo es debido a la nobleza). El autor, Alejandro Casarín, según cuenta una de las leyendas urbanas, también fue el encargado de hacer unas esculturas que representaban a dos emperadores incas, no sé quienes, y al empacar las esculturas hubo un error, así que en Perú se encuentran los Huey Tlatoanis mexicas, y en México, los gobernantes del antiguo Imperio inca. Pero cuestiones geográficas, y chauvinistas no me negaron el placer de conocer El Parque Mestizo, donde están emplazadas. Hasta aquí mi disertación de estas esculturas, porque tal tema es suficiente para una entrada, o un libro.




 Posteriormente, en palabras de abuelita "agarré camino": por Insurgentes. Caminé por ahí, para hallar uno de los descubrimientos bonitos en el DF: la Capilla del Señor de la Misericordia. Seguí caminando hasta Deportivo 18 de Marzo (llegué a las 13:35), correspondencia con Línea 6, direcciones El Rosario y Martín Carrera, donde halle a una compañera que también es anfitriona en Universum, Viridiana, de la sala de Matemáticas. El símbolo de la estación es un jugador de pelota. Continué por Insurgentes, donde hallé una de las mejores muestras de la Cultura Popular: un altar a la Virgen de Guadalupe.

Llegar a Potrero, cuyo símbolo se debe a que cerca está la colonia Hipódromo Peralvillo, que en el Porfiriato era una zona de crianza de caballos; llegué a las 13:50. Pero en la siguiente avenida hallé una de las mejores imágenes de la jornada: un letrero anunciando un motel, y abajo el letrero que indicaba que hacia el mismo lado, existe una secundaria. El siguiente paso fue sencillo, igual que los demás; sin embargo, todo el mundo dice que me arriesgué a un gran peligro caminando el área de los puentes de la Raza, cuyo simbolo representa el Monumento. Afortunadamente no sufrí ningún percance, y alcancé la entrada de la Línea 5 de Metro la Raza (a las 14:02)., donde incluso tomé una foto bastante mala del Monumento. Pero a partir de ahí comenzó una hora de incertidumbre: caminé hacia el Centro Médico Nacional, lo rodeé, llegué a Circuito Interior, después Jacarandas, después hallé de nuevo Insurgentes Norte, hasta que hallé el lugar donde empieza el Eje 1. Si hubiera checado antes la traza del Metro, no hubiera perdido así, me hubiera metido por Zarco y ya, pero...terminé dando vueltas hasta que, una hora después de perder de vista la Raza, llegué por fin al Metro Tlatelolco, que es representado por el edificio más emblemático de la zona habitacional, a las 15:08. Ahí tomé el Eje 1, desperdiciando la grandiosa oportunidad de conocer una colonia de las más tradicionales del DF: la Guerrero. Sin embargo, no escaparon a mi vista imágenes grandiosas, como el tendedero público antes de llegar al Metro Guerrero, a las 15:23.




Continuar en el Eje era una opción viable; sin embargo, el Sol, "la calor"(déjenme, la RAE lo acepta oficialmente Ö) y mi cansancio para este momento, ya eran considerables. Cuando uno camina, a veces solo hay que tapar el Sol mentalmente, concentrarse en dar un paso más y creer que falta poco. Aunque apenas vayan 6 estaciones. Así apareció el ex-convento de San Fernando, después el Panteón y finalmente, después de un cruce mortal para los peatones, llegué a la que, cada 28, se convierte en un blanco de romerías provenientes de todo el DF: la iglesia del Santo Patrono de nuestra Ciudad, San Hipólito. O, como todo el mundo la conoce, "la iglesia de San Juditas", que indicaba mi llegada a la estación Hidalgo. Para entonces, ya eran las 15:38, y llevaba 2 horas y veinticinco minutos caminando, y yo estaba emocionado.

Después, tomé la calle Balderas y caminé la estación más corta del metro: de Hidalgo a Juárez. Entre andén y andén hay cerca de 400 m. Antes de llegar a Metro Balderas a las 15:55, pasé por el INEGI, la estación Juárez del Metrobús Línea 4, y finalmente a la Ciudadela, para después pasar a un lado de la Ciudad de Los Libros inaugurada por una de las personas que admiro, la ex directora de Conaculta, Consuelo Sáizar. Metro Balderas es un lugar cargado de Historia, y tambien de muchas historias: tiene una canción, ahí se murió Rockdrigo González, ahí hubo un incidente bastante desagradable en : un tiroteo que acabó con la vida de un albañil, entre otras cosas. Pero la violencia en este lugar no es cosa nueva; de hecho, el símbolo de la estación se debe a un acto bélico, conocido de nombre por nosotros: la Decena Trágica. En esos días negros, un general brillante, llamado Manuel Mondragón con la ayuda de Félix Díaz, calculó un tiro de cañón de la Plaza de La Ciudadela a Palacio Nacional, de cerca de 1.5 km en línea recta, la Puerta Mariana (que, según las lenguas, abrió Mariano Escobedo para que por ahí entrara su amante sin ser molestada). Y atinó a su objetivo. Benditas Matemáticas. Por eso, la estación tiene como símbolo un cañón.

Después, llegue por esa calle al Semefo, al Tribunal Superior de Justicia del DF, hasta Niños Héroes a las 16:06, la estación con un kepí conmemorando la Batalla del 13 de Septiembre de 1847, donde unos adolescentes, entre ellos Miguel Miramón, que después sería fusilado con Maximiliano, defendieron el H. Colegio Militar, entonces en el Castillo de Chapultepec, donde presencié como dos perros que al parecer no se cayeron bien, casi que se pelean mientras sus dueños ligaban.








Llegué a Hospital General a las 16:18, para por fin dar vuelta y ver el Jardín López Velarde, autor de delicias como "La Suave Patria". Al metro Centro Médico llegué 10 minutos después y pasé junto al Panteón Francés, y luego Parque Delta, el antiguo Parque del Seguro. A las 16:42 llegué al inicio de la parte aburrida: la antigua glorieta de Etiopía. Después, a las 16:58 por fin apareció Eugenia, y 7 minutos después, apareció Metro División del Norte, el inicio de Avenida Universidad, y nubarrones ya no en el horizonte, sino sobre mi. Comencé a caminar más rápidamente. A las 17:18 llegué a Zapata y las gotas comenzaban a caer y ya para metro Coyoacán, llovía, a las 15:31. Para entonces, me metí a la plaza Centro Coyoacán, y como no quería mojarme, no comí Chupas, comí un McTrío del día y una hora después, seguí mi camino. A las 18:26 pasé frente a Metro Viveros y la casa de una buena amiga, para seguir hasta Metro Miguel Ángel de Quevedo, un arbolito, porque dicho personaje fundó los viveros en el DF; a las 18:36. Para entonces ya no soportaba casi mis pies, ni el roce del pantalón, y llevaba 5 horas veintitrés minutos.




A Copilco, cuya imagen es de la cultura olmeca y representa el Dios del Agua. Llegué a las 19:01 y a Universidad, la tierra prometida para entonces, llegué a las 19:20. La satisfacción al llegar a Delfín Madrigal, el último giro del camino, y la vista del objetivo es algo...increíble.

Aunque para entonces mis piernas mataban, no tenía en mente recorrer 202 km caminando..afortunadamente. el no tener claro esto hacía la meta menos abrumadora...

Por fin terminé mi travesía, y ustedes de leer esto. Espero mejorar conforme escriba y hacer mis crónicas un poco más amenas...